Crónica de la Luchon-Bayona

LUCHON-BAYONA 2016 (Manuel)

 El comienzo de toda historia no sé realmente cuándo empezó. El caso es que como todo hoy en día, allá por el mes de octubre se crea el grupo de wasap de “Los Luchoneros” y ahí es donde toda esta aventura comienza a coger forma. Una semana después ya tenemos hoteles reservados y furgoneta apalabrada, todo marcha. Ahora “sólo” nos quedan 8 meses por delante para entrenar e intentar llegar lo mejor preparados posible.

Van pasando las semanas, y del grupo inicial de 10 que íbamos a enfrentarnos a la ruta, por diferentes motivos, se van descolgando efectivos pero vamos sumando algún otro para la causa. Y así llegamos a la semana previa y como a alguno le gusta decir tanto, a estas alturas ya está todo el pescado vendido. Todos hemos hecho lo que hemos podido y sólo queda atar los últimos detalles. El caso es que sin esperarlo, aquí es cuando empieza nuestra aventura, bastante antes incluso de subirnos a la bici. Primero por problemas con la furgoneta, que teniéndola reservada desde el mes de noviembre, imaginaos la sorpresa que nos llevamos a la hora de llamar a preguntar por cómo y cuándo vamos a recogerla y nos dicen que se la han reservado a otro grupo, que no se tomaron nota de nuestra reserva…así que a buscar alternativas a falta de una semana. Por suerte la encontramos y problema resuelto. El segundo problema llega estando todos reunidos: Carpin, Daniel, Isaac, Borraz, Cheli, Tarra y un servidor. Recibe Daniel una llamada comunicándonos que la reserva del apartamento que teníamos para dormir la noche del sábado nos la habían anulado y nos cambiaban de sitio, para alucinar. De nuevo a buscar como locos alojamiento. A última hora de la noche Daniel lo encuentra, y de lo que al principio pensábamos que había sido una putada, más tarde nos alegraríamos.

Resueltos los imprevistos somos 7 los que echamos la bici a la furgo, formando un perfecto tetris hecho por Carpin y Daniel. Pasan por Fuentes para recogernos a Tarra, a mi padre (chófer oficial para próximos acontecimientos) y a mí. Y de aquí hacia Pina a por Isaac y Cheli. Entre risas y nervios llegamos a Vielha y parece que el pronóstico del tiempo para el fin de semana va a cumplirse: cielos nublados y temperatura fresca. Poco más tarde de las 20.00, llegamos a nuestro destino. Buscando nuestros dorsales nos asombramos de que estamos apuntados unos 1000 participantes. Recogemos las bolsas y al hotel a descargar y preparar todo.

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En el complejo donde dormimos y en los alrededores se ve bastante movimiento. Estando descargando comienza a llover y cae una pequeña tormenta, la cual nos deja un poco acojonadillos por lo que nos podamos encontrar al día siguiente. Cenamos spaguettis con salchichas hechos por Daniel (hubieran comido otras 8 personas más) y la tortilla de la madre de Cheli. Preparamos el avituallamiento para llevar en la furgoneta, comentamos los últimos detalles, le damos las últimas indicaciones a mi padre y cada uno a su cama, que nos espera un día duro.

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A las 5.00 de la mañana ya estamos desayunando. Todos hemos descansado poco pero bien. Dudamos con la ropa. Lo único claro que tenemos es el chubasquero. Por lo demás, barritas y sándwiches a la espalda, braga para las bajadas y cubre zapatillas por si las moscas. Como la temperatura es buena, nada de chaleco, sólo una camiseta interior y manguitos, ya que no más salir empezaremos la primera subida. Son las 6.00 y acompañamos al chófer a coger la carretera en dirección al primer puerto y nosotros nos vamos a la salida.

Nada de grandes hinchables ni megafonías ni nada. Tan sólo unas cuantas vallas para cortar el tráfico, varios voluntarios para sellar las cartulinas y vía libre para empezar. Por delante nos esperan 320km, con 5 señores puertos dignos de una etapa reina del Tour: Peyresourde (15km al 6.1%), Aspin (12.3km al 6.3%), Tourmalet (17.2km al 7.4%), Solour (20km al 5.1%) y Aubisque (7.5km al 5%). A estos hay que sumarle el último puertecillo, Osquich, 5km al 5.7%, el que subiremos ya con 240km en las piernas.

Pues lo dicho, sin apenas darnos cuenta por los nervios, ya tenemos el sello puesto (tampoco hay chips ni tiempos, sólo una cartulina para acreditar los puntos de paso), nos hacemos la fotico de rigor y empezamos a subir.

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La salida es un continuo reguero de gente. Nada de aglomeraciones, vamos saliendo poco a poco y como no más salir se comienza el ascenso al Peyresourde. Se crea una fila tremenda de ciclistas. A la fila de ciclistas hay que sumarle las innumerables furgonetas de apoyo que van ayudando a los participantes. Los 7 empezamos juntos, controlando mucho el ritmo conscientes de lo que nos queda por delante. Isaac va y viene, Daniel más de lo mismo, mientras que el resto mantenemos un ritmo constante. A Cheli le van aconsejando, que se relaje que queda mucho así que a mitad puerto se descuelga un pelín y sube con Borraz. A falta de 500mtr para coronar me adelanto para vaciar la vejiga y que no me tengan que esperar. Allí está la furgoneta de apoyo por si necesitamos algo. De momento vamos frescos y llevamos de todo, con que nos colocamos chubasquero y braga, foto y mientras tanto aparecen Cheli y Borraz.

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Una vez abrigados todos para abajo. La bajada algo peligrosa, mucha niebla y todo el asfalto mojado, así que tomamos mucha precaución y decidimos bajar con cuidado. En la bajada, salvo Daniel y Carpin que parece que están hechos de otra pasta, el resto pasamos algo de frío, yo personalmente mucho en las piernas. Una vez abajo, recogemos chubasqueros y para arriba de nuevo. Comenzamos la subida al col d’Aspin. A los pocos metros maguitos fuera también. Quitando por la niebla, la temperatura es buena. Vamos subiendo tranquilos, todo lo que nos permite la pendiente. Al poco de empezar a subir me empieza a molestar la braga del cuello, así que calentón para adelantarme y quitármela y nuevo calentón para recuperar terreno perdido. En esos momentos pienso si no me habré pasado de listo y lo pagaré más tarde, pero vamos, ya está hecho. Mientras tanto Isaac se adelanta para cambiar la rueda trasera por problemas con el buje y la Carpinbike deja a todo aquel que la ve con la boca abierta. A mitad de puerto nos adelanta de nuevo la furgo. Cuando llegamos arriba Isaac ya se ha puesto la rueda de repuesto (que bien hicimos en echar ruedas completas). Aquí está el primer punto de sellado y avituallamiento, el cual nos sorprende a todos. Donde esperábamos a unos pocos jubilados con el sello encontramos bandejas con bizcocho, chocolate, plátanos, sales para reponer, sandía, naranjas… Reponemos agua y víveres, comemos, charlamos con mi padre, nos abrigamos y para abajo. Isaac saca de la bolsa unas perneras las cuales me ofrece y yo acepto sin dudar. En la anterior bajada he pasado bastante frío y estoy seguro de que me vendrán bien.

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En esta cima no vemos ni a Cheli ni a Borraz, pero bajamos tranquilos sabiendo que la furgoneta se queda arriba esperando. Volvemos a bajar con cuidado. Continúa la niebla cerrada y el asfalto mojado, incluso nos cae algo de agua. Llegamos hasta Ste. Marie de Campan, donde empieza la ascensión al mítico Tourmalet. Paramos para volver a quitarnos ropa y aquí me cogen algo de ventaja. Para el próximo año a parte de entrenar encima de la bici también me entrenaré para recoger las cosas más rápido. En seguida las rampas empiezan a hacer mella en el grupo. Isaac y Daniel tiran para delante. Tarra les sigue de cerca y Carpin tampoco se queda muy atrás. Poco a poco voy recortándoles hasta que alcanzo a Tarra y seguimos juntos hasta arriba. A estas alturas ya los grupos de gente están más repartidos, pero en todo momento tienes gente por delante y por detrás. Las furgonetas de apoyo siguen adelantándonos continuamente. Van pasando los km y los carteles nos van adelantando lo que nos queda, y ninguno con buenas noticias: próximo km al 8%, el siguiente al 9, el siguiente al 10, luego al 9.5… y así uno detrás de otro. Nos lo vamos tomando con humor y pedalada tras pedalada coronamos. Allí nos estaba esperando Daniel ya que Isaac nos comenta mi padre que se había tirado para abajo por no quedarse frío en busca del punto de sellado, no sin hacerse la foto de rigor. A lo que empezamos a abrigarnos aparece Carpin. Cruzamos impresiones, resoplamos un poco, volvemos a reponer de todo, nos hacemos más fotos y hacia el avituallamiento que está un par de km más abajo.

Estando allí aparece Cheli dejándonos a todos con la boca abierta. Cómo ha tenido que subir el tío. Esperamos a que se abrigue y recobre un poco el aliento ya que arriba no ha parado al no ver a mi padre pero sí a Carpin y estaba tiritando el pobre. Un poco de sandía, chocolate y nos vamos en busca del siguiente repecho. A estas alturas llevamos 75km con 3000mtr de desnivel. De Borraz no tenemos noticias pero la furgoneta está ahí. A los que nos damos cuenta estamos empezando la ascensión al Soulor. Es un puerto muy largo pero que comienza de una manera muy suave. Los primeros 13 km son muy llevaderos, incluso con algún descansillo cuesta abajo. Los últimos 7 km ya son otra historia, con alguna rampa que nos hace retorcernos de lo lindo. Siguen dándole algún consejo a Cheli, pero la verdad es que no los necesita, menudo fichaje hemos hecho con el pajarito. Él que venía para hacer algún puerto y se va a chupar todos, y a que nivel. El tiempo continúa igual, niebla, humedad y más niebla y humedad por todos lados. Llegamos arriba y nos están esperando mi padre junto a Isaac, ambos con un bocadillo de panceta recién hecha que huele que alimenta. Con la panceta vuelve a sorprendernos la organización, ninguno nos lo esperábamos.

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Además, gente haciendo de aparca bicis para que no molestaran. La Carpinbike sigue dejando asombrados a participantes y acompañantes.

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Isaac nos comenta que ha pinchado en la bajada del Tourmalet (como tuvo que subir el tío para que aún arreglando el pinchazo no lo pudiéramos alcanzar). Aquí le cae el primer rapapolvo a Cheli por parte de mi padre porque estaba preocupado por él,jejeje, nos echamos cuatro risas, y comenzamos un pequeño descenso de apenas unos 2km para así terminar con lo que preveíamos como la última ascensión dura del día, el Aubisque. Esta es una carretera que un día soleado tiene que ser espectacular, ya que a un lado hay un cortado tremendo sin protección alguna, impresiona. Es tal la niebla que en la cumbre del Aubisque no podemos ni hacernos foto con las bicis, así que nos volvemos a abrigar y para abajo, con tan mala suerte que vuelve a pinchar Isaac. Arreglan el pinchazo tan pronto como pueden debido al frío. Tarra está temblando de frío y mientras Isaac se recoge todo Carpin le da un pequeño masaje en las piernas para que le entren en calor junto a un buen achuchón y para abajo.

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El descenso nos lleva hasta Laruns. Aquí termina la primera parte, lo más duro con diferencia, pero también es aquí donde empieza la Luchon-Bayona de verdad. Con las piernas ya bien calientes, quedan por delante otros 160km. A estas alturas seguimos sin tener noticias de Borraz, pero como la furgoneta no nos ha adelantado estamos seguros de que estará bien. A todos nos ha hecho mella la fría bajada del Aubisque, así que china chana empezamos los 60km de llano que nos separan de Oloron. La furgoneta tarda en alcanzarnos porque cogemos una buena marcha. El terreno ayuda y vamos dándonos relevos para distribuir esfuerzos. A lo que nos damos cuenta tenemos la furgoneta detrás y en ella va Borraz de copiloto. Llegados a Oloron paramos a comer como teníamos previsto.

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A Cheli le vuelve a caer el segundo rapapolvo, esta vez de Borraz, por no haber visto a mi padre en la cima del Tourmalet. También era aquí donde teníamos previsto acabar la primera etapa los que llevábamos la idea de hacerla en dos días. El caso es que pese a llevar ya más de 10 horas en la bici, los pies que parecían estanques para patos, el día que no parecía que fuera  a despejar, pero aun con todas esas, decidimos montar luces en las bicis y tirar para delante. Borraz se anima, descarga la bici y se une. Mientras tanto mi padre se tiraba de los pelos, nos decía que estábamos locos, que donde íbamos. Y le decimos que a Bayona, así que recogemos todo y para delante. Reconozco que yo el sábado en la salida estaba plenamente convencido de que en Oloron echaría la bici a la furgoneta y al día siguiente sería otro día, pero una vez allí metido viendo el ambiente y viendo lo que es aquello, me di cuenta de que había que hacerla en el día. Había que pensar que sólo nos quedaban 100km por delante, como cualquier salida corta de fin de semana de por aquí. Los macarrones nos sentaron de miedo. Cómo no, una vez que parecía que empezábamos a secarnos comenzó a llover, lo cual nos obligó a ponernos los chubasqueros. A todos todos no, porque Carpin este año ha entrenado bastante bien eso de pedalear bajo la lluvia y no lo necesitó.  A buen ritmo llegamos a Musculdy, pueblo donde teníamos el hotel para dormir y donde empezaba el último puerto, que no última subida, del día. Un puerto corto pero que con 240km en las piernas hacía pupa. O por lo menos nos hizo pupa a algunos, porque Isaac y Cheli subieron como rayos, seguidos de Daniel y cerrando el grupo los demás. Los 5km se me hicieron eternos, rampas del 8 parecían del 15 por lo menos. Pero vamos, a la marchica lo coronamos y arriba encontramos el último avituallamiento y punto de sellado.

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Bocadillo de paté francés, un poco de sandía, plátanos y chocolate y a arrancar de nuevo. Este era el otro punto posible que teníamos pensado para terminar la jornada. Cheli decide parar ya. Como primera salida “larga”, siendo que no había pasado de 150km en toda la temporada, creo que es más que suficiente y digno de admirar. Mi padre para con él para descargar las maletas y dejar sitio para las bicis y nosotros continuamos para delante.

Ahora empieza lo que me había marcado como la tercera parte. Lo que pensaba que iba a ser terreno favorable hasta Bayona se convierte en un continuo sube baja, con bajadas fuertes pero seguidas de repechos durísimos, que te obligaban a quitar plato y empezar a subir piñones. Cualquier rampilla se convierte en un nuevo Tourmalet. Van pasando los kilómetros y la furgoneta no nos alcanza. Poco a poco vamos viendo cada vez más cerca el final, o por lo menos yo, porque cada vez que lo comento Carpin me reniega una y otra vez por pensar que ya está todo hecho. El caso es que después de 310km en las piernas y tras casi 15 horas encima de la bici, bajo la lluvia y la niebla, conseguimos ver unos pocos rayos de sol. Entramos en Bayona y Carpin sigue sin dejarme pensar que ya está hecho, que tío. Son algo más de las 22.00 de la noche cuando llegamos al pabellón. Allí se unen un cúmulo de sensaciones. Mucho cansancio, mucha alegría pero también mucha tristeza, y a la vez muchas ganas de que llegue 2018 para volver a repetir. A la llegada, al igual que a la salida, tampoco había ningún recibimiento especial (bueno, ilusos de nosotros había un grupo de personas celebrando algo comiendo carne a la brasa, todos pensamos que era para nosotros, pero no). Tan sólo una barra con más plátanos, dátiles… y una mesa con 3 personas que te colocaban el último sello.

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Y aquí terminó nuestra aventura sobre la bici, porque no fue así para la furgoneta. Mi padre entendió mal las indicaciones y el hombre acabó en Hendaia en lugar de Bayona. Así que tras estar casi dos horas intentado  ponernos en contacto con él lo conseguimos. No nos atrevemos a ir con la bici y la organización nos llama a un taxi para ir en su busca. Así que me subo al taxi y voy en su busca. Una vez con él, me pongo ropa seca (que alivio poder ponerme calcetines secos después de no se cuántas horas), colocamos GPS y hacia Bayona. Nos volvemos a perder y acabamos en Irún (menudas carreteras que tienes nuestros vecinos), damos media vuelta y por fin llegamos al pabellón. A todos nos vuelve a caer un rapapolvo de mi padre por no esperarlo a que descargara en el hotel, pero entre risas y abrazos se pasa el sofocón. Son ya las 02.00 de la madrugada, comemos lo que llevábamos por la furgoneta, cargamos todo y de vuelta para el hotel, no sin equivocarnos un par de veces más,jejeje. Por fin ya en el hotel despertamos a Cheli (son nada mas y nada menos que las 04.00h), ducha relajante para entrar en calor y a dormir.

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Al día siguiente (o mejor dicho, un rato más tarde) con los deberes hechos y las bicis ya cargadas decidimos arrancar ya dirección a casa. Tapemos y comemos en Jaca y poco más tarde en casa.

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En resumen, una muy buena experiencia, con un muy buen ambiente ya no sólo del grupo que fuimos, si no del ambiente en general en el que nadie se preocupa por tiempos ni medallas. Tan solo disfrutar de la bicicleta. Todo ello se ve en el momento, pero conforme pasan los días y vas asimilando lo pasado te das cuenta de más pequeños detalles. Una lástima el pequeño fallo que tuvimos al final con la furgoneta y el mal tiempo que no nos permitió disfrutar del paisaje. Por todo lo demás, un 10 para la organización, un 10 por el recorrido, un 11 para la compañía y un 12 para el chófer (no porque fuera mi padre, jejeje).

En fin, dentro de dos años repetiremos, sí o sí.

Manuel Ignacio Mur

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